
Una de las cuestiones que evitan que las nuevas tecnologías sean adoptadas de forma masiva es la dificultad de exportar datos de una aplicación a otra, de un sistema a otro, quedando muchas veces los usuarios prisioneros de decisiones que tomaron hace años. Se ha avanzado mucho en este tema en los últimos años, pero bien es cierto que la interoperabilidad es el pecado capital de las nuevas tecnologías.
Un ejemplo significativo puede ser un ERP que la empresa adoptó hace tres años, que en su momento cumplía todas las expectativas de la empresa, desarrollado a medida y con un soporte excelente. La empresa desarrolladora tres años después ha perdido algún miembro de su equipo y soporte y modificaciones posteriores ya no son tan buenas. Además el mercado evoluciona y nuestro ERP ya no cumple perfectamente su cometido, ¿cambiamos de sistema?
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